martes, 22 de julio de 2008

Borsalino


Son las nueve de la mañana. Ha vuelto a pasear.

Este invierno, todos los días, daba igual que fuera lunes, domingo o martes, todos los días antes de amanecer, el señor del borsalino daba vueltas y vueltas a la plaza. Pasando debajo de los soportales, daba cuenta de metros y más metros de loseta desgastada por tantos pasos y sucia de los detritus de perros y no tan perros.

Cara de media sonrisa, siempre en silencio, grandes zancadas a pesar de su edad e infatigable en el paso y en el tiempo. Le acompaña un bastón blanco y su inseparable sombrero borsalino.

Seguro que en cada paso, en cada zanjada, su vida pasaría rauda y meditada por su cabeza. Un poco encorvado, parte por su casi seguro duro trabajo a sus espaldas que no ha evitado dejar caer su duro bagaje sobre sus espaldas.

Mirada al frente, de vez en cuando baja la cabeza para saber donde pisa, pero de nuevo levanta los ojos hacia delante, con serenidad, con firmeza, sabiendo lo que se hace.

Una y mil vueltas, incansable.

Esta mañana he visto a alguien desconocido, caminaba cansinamente. La cabeza ladeada, los ojos perdidos, los pies arrastrándose sin poder aguantar el peso de los años y de la enfermedad. Mano derecha agarrando duramente un bastón blanco. En el brazo izquierdo, otro brazo, que se agarra a él con dulzura, con cariño y con paciencia. Seguro que es su compañera, su mujer, su apoyo.

Mismo camino, misma rutina, tal vez menos duración, pero luchando, peleando contra la inmovilidad, la atrofia, la desesperación

Esta mañana he vuelto a verle, no estaba solo.

Sobre la cabeza, como siempre, su sombrero borsalino.

2 comentarios:

Wendeling dijo...

Mi abuelo murió el año pasado en noviembre. 99 años. Jamás he sido capaz de recordarlo sin su "borsalino" en la cabeza, levantándoselo un poquito al saludar a las señoras, doblando la solapa al ponérselo delante del espejo antes de salir de casa. Y el olor, su olor, cada vez que se lo alcanzaba cuando me lo pedía. Por cierto, siempre de color oscuro, gris, negro... nunca en blanco como el que pones en la imagen.

Gracias por los recuerdos.

Anónimo dijo...

a mi me dibujan siempre una sonrisa los abuelitos cuando los veo, luchadores, caminantes con una fortaleza q envidio, pero al mismo tiempo siento mucha pena, q no es lastima, xq se q la edad no perdona y q lentamente nos va quitando fuerzas irremediablemente.
q dura es la vida, verdad?? y q dura es mas cuando llega poco a poco a su final :(
besitos de ÔÔ